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"Cualquier cosa es un camino entre cantidades de caminos, por eso
debes tener siempre presente que un camino es solo un camino; si sientes
que no deberías seguirlo, no debes seguirlo bajo ninguna condición.
Para tener esa claridad debes llevar una vida disciplinada. Solo entonces
sabrás que un camino es nada más que un camino, y no hay
afrenta, ni para ti ni para otros, en dejarlo si eso es lo que tu corazón
te dice. Pero tu decisión de seguir en el camino o de dejarlo debe
estar libre de miedo y de ambición. Te prevengo. Mira cada camino
de cerca y con intención. Pruébalo tantas veces como consideres
necesario. Luego hazte a ti mismo, a tí solo, una pregunta: Es
una pregunta que solo se hace un hombre muy viejo. Mi benefactor me hablo
de ella cuando yo era joven y mi sangre era demasiado vigorosa para que
yo la entendiera. Ahora sí la entiendo. Te diré cual es:
¿Tiene corazón ese camino?. Todos los caminos son lo mismo:
no llevan a ninguna parte. Son caminos que van por el matorral. Puedo
decir que en mi vida he recorrido caminos largos, largos, pero no estoy
en ninguna parte. Ahora tiene sentido la pregunta de mi benefactor: ¿Tiene
corazón ese camino?. Si tiene, el camino es bueno; si no, de nada
sirve. Ningún camino lleva a ninguna parte, pero uno tiene corazón
y el otro no. Uno hace gozoso el viaje, mientras sigas, si eres uno con
él. El otro te hará maldecir la vida. Uno te hace fuerte;
el otro te debilita"
(D. Juan a Castaneda en "Las enseñanzas de D. Juan")
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Ítaca
Si vas a emprender el viaje hacia Ítaca,
pide que tu camino sea largo,
rico en experiencias, en conocimiento.
A Lestrigones y a Cíclopes,
o al airado Poseidón nunca temas,
no hallarás tales seres en tu ruta
si alto es tu pensamiento y limpia
la emoción de tu espíritu y tu cuerpo.
A Lestrigones ni a Cíclopes,
ni al fiero Poseidón hallarás nunca,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no es tu alma quien ante ti los pone.
Pide que tu camino sea largo.
Que numerosas sean las mañanas de verano
en que con placer, felizmente
arribes a bahías nunca vistas;
detente en los emporios de Fenicia
y adquiere hermosas mercancías,
madreperla y coral, y ámbar, y ébano,
perfumes deliciosos y diversos,
cuando puedas invierte en voluptuosos y delicados perfumes;
visita muchas ciudades de Egipto
y con avidez aprende de sus sabios.
Ten siempre a Ítaca en la memoria.
Llegar allí es tu meta.
Mas no apresures el viaje.
Mejor que se extienda largos años;
y en tu vejez arribes a la isla
con cuanto hayas ganado en el camino,
sin esperar que Ítaca te enriquezca.
Ítaca te regaló un hermoso viaje.
Sin ella el camino no hubieras emprendido.
Mas ninguna otra cosa puede darte.
Aunque pobre la encuentres, no te engañará Ïtaca.
Rico en saber y en vida, como has vuelto,
comprenderás ya que significan las Ítacas
Konstandinos Kavafis
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YAZID Y HAROUN
Había una vez dos niños árabes, Yazid y Haroun ,
que se hicieron amigos íntimos al compartir aventuras de infancia
en el pueblo y en el desierta. El paso de los años los separó,
y la fortuna hizo de Haroum un gran jeque mientras Yazid se convertía
en un cordelero pobre.
Un día mientras vendía sus cuerdas en una calle de Bagdad,
Yazid se encontró cara a cara con Haroun. El encantado jeque le
ofreció a su amigo de la infancia un puesto en su corte como mercader
real de dátiles, que Yazid aceptó. Sólo los mejores
dátiles de la tierra eran buenos para la cocina del jeque, de modo
que la tarea de Yazid era encontrar y comprar únicamente los de
calidad superior.
Una semana después Yazid regresó sobre su camello con un
cargamento de dátiles que consideraba de buena calidad. Tras probar
la fruta y comprobar que era inferior los consejeros del jeque quisieron
despedirlo. Pero al enterarse de ello, Haroun sacudió suavemente
la cabeza. "No entendéis a Yazid", les dijo Haaroun a
los consejeros. "Ha vivido en la pobreza toda su vida y, por lo tanto,
no tiene manera de distinguir unos dátiles buenos de unos malos.
En verdad él cree que trae un cargamento de frutos excelente, pero
solo se debe a qque no comprende su oficio. Debemos tener paciencia con
Yazid."
Entonces el jeque Haroun les dio instrucciones a sus consejeros: "Quiero
que cada día le deis a Yazid unos dátiles para cenar. Empezad
con los de baja calidad y, poco a poco, ofrecedle unos mejores. Su propio
gusto le indicará la diferencia. Luego os garantizo que nos traerá
los frutos más excelentes."
El jeque tenía razón. En verdad que Yazid adquirió
experiencia, y no tardó en elevar los estándares y aportarle
a la corte real y a sí mismo sólo los mejores dátiles.
Cuento recogido por Colin Turner
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